
Ilustrador
Quien vive angustiado debido a este mundo tumultuoso, sabe muy bien que más de una vez lo ha asaltado un afán liberador de pronunciarse. Una tremenda y sentida necesidad de gritar sobre la condición humana; las contradicciones, silenciosas derrotas, inesquivables tragedias, desencuentros y desamores, la perdida del sentido de existencia y la democrática muerte. Dentro de esa necesidad de pronunciarse se encuentra también la defensa de la vida, la idea de que la esperanza se renueva con cada amanecer, así como la exaltación de los actos heroicos del ser humano en su peregrinación por este mundo que difícilmente entendemos con la razón —egoísta y equivocadamente usada como única fuente para comprender el misterioso acto de existir—.
Es esto, precisamente, lo que se acalla, como si un gran peso comprimiera el pecho, obstruyendo el aliento y condenándonos al cautiverio de la soledad. Qué poco hablamos hoy de la condición humana. Qué pocos son los momentos en que departimos con otros para saltar de la realidad material o de la vida consciente, a nadar en las profundas aguas del mundo de la sinrazón, de las pasiones y los deseos, de los eternos problemas humanos, cuya naturaleza metahistórica los hace inalterables al tiempo, así como lo metafísico hace que los interrogantes humanos sean inabordables e incomprensibles con el intelecto. Qué daño ha hecho al mundo el racionalismo, la inmediatez, los datos, la cuantificación… todo esto ha desmembrado a la humanidad, al punto de convertirnos en una masa de misántropos.
Lo que nos restringe para alzar la voz, además del coraje que hace falta reunir, es el temor a ser poco novedosos. Como si la novedad fuese exigencia para rechazar la guerra y las injusticias, para exaltar lo bello y lo sublime de los detalles más simples, o incluso para reconocer que muchas veces llegamos a ser seres egoístas, mezquinos y perniciosos.
Para mí, el objetivo de este blog es precisamente dejar de callar mis angustias y preocupaciones por el mundo, aun si es de interés de unos pocos leer estas líneas. Seré autorreferencial, aun si resulta molesto, pero debo apelar a contar mis vivencias, incluyendo, las bajas pasiones o, como alguna vez dijo el Gran Momo de la Nouvelle Vague, las «pulsiones primarias».
Hablar desde los sentimientos, las emociones y la intuición es hoy más urgente que cualquier argumento que idolatra la razón.
Tampoco se trata de que cualquier acto de expresión deba sonar intelectual. De hecho, recuerdo que hace unos años en el círculo académico al que pertenecía, el lenguaje llano y habitual era desvirtuado por aquellos hombres revolucionarios de salón que alucinaban con la teoría. Qué inaguantables eran, atestados de conocimientos que poco sentían en su carne, y que, al final, como dijo Platón hace veintitrés siglos, terminan siendo cargamentos de frases.


Y sin embargo, expresarse puede ser más difícil cuando se reciben ataques de gendarmes de la moral. En mi caso, se intentó darme virtual muerte civil para que nunca volviera a pronunciarme ni participar públicamente en lo que es responsabilidad de todos. Bueno, de alguna forma habré incomodado, lo que a su vez significa que algo se habrá hecho bien. Amablemente, invito a esas personas a echar un vistazo al ensayo de Max Scheler sobre la envidia y el resentimiento para que miren dentro de sí mismos. Al fin y al cabo, que alce la mano el hipócrita que diga que nunca ha tenido esos sentimientos.
Esta primera nota de entrada, aunque emocionalmente cargada, condensa varias de mis motivaciones para en adelante alzar la voz y disparar al mundo —disparos que con los años se van volviendo de francotirador—. En este blog procuraré dejar vestigios de mis preocupaciones: la necesidad de resacralizar la naturaleza, mi visión de la obscena riqueza, mis periplos espirituales y mucho más.
Sobre todo, me mueve la firme convicción de que el arte es una de esas pocas virtudes humanas, acaso la única, capaz de darnos un porvenir esperanzador. Como dijo un escritor metafísico de La Pampa: «todo lo que tienda a reunificar al hombre es positivo y forma parte de lo que será la síntesis futura», esto es, la reunificación del cuerpo con el alma, la emoción con la razón, el arte con la ciencia, y el hombre con el cosmos.
Finalmente, agradezco profundamente a Fuka, de Caffeine House, por las ilustraciones que acompañan esta nota, además de nuestro intercambio epistolar sobre cine y literatura que me terminaron de impulsar para publicar. A Felipe Muñoz, gracias también por sobrellevar con paciencia mis caprichos en el diseño de este blog.